Por Carlos Adrianzén
Alrededor de las 9:30 pm la televisión argentina mostraba las primeras imágenes de la reelecta Presidenta, Cristina Fernández. Los recuentos oficiales de la autoridad electoral confirmaron las tendencias mostradas en las últimas encuestas, así como los resultados de las elecciones primarias de agosto. Fernández ha obtenido una victoria de proporciones épicas en medio de unas elecciones por demás previsibles y quizás aburridas (no se han visto grandes campañas, ni movilizaciones y ni siquiera se produjo un debate entre los principales candidatos). La Presidenta ha obtenido la votación más alta desde el retorno a la democracia en 1983 alcanzando un 54%. Recordemos los resultados anteriores. En 1983, Alfonsín obtuvo 53.21%. En 1989 Menen alcanzó el 48.45% y en 1995 el 46.97%. En 1999 De la Rúa 50.65%. Finalmente, en 2003 Néstor Kirchner alcanzó apenas el 22.86% y el segundo, Carlos Menem, declinó participar en la segunda vuelta.
El segundo lugar ha sido para el socialista Hermes Binner con 16.9%, sin duda la mayor sorpresa electoral. Detrás de Binner quedaron el candidato radical Raúl Alfonsín con 11.2%, el peronista y Gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saa con 7.9%, el también peronista y ex Presidente Eduardo Duhalde con 6%. Finalmente, el trotskista Jorge Altamira con 2.3% y en último lugar Elisa Carrió de la Coalición Cívica con 1.8%.
Esta aplastante y categórica victoria resultaba impensable hasta para el más ferviente “militante K” tan solo un año atrás. Desde su inicio, el primer mandato de Fernández estuvo atravesado por duros conflictos. El más duro de ellos fue, sin duda, el llamado “conflicto con el campo” el cual el oficialismo finalmente perdió frente a una variopinta coalición que incluía desde los grandes terratenientes sojeros hasta los pequeños productores agropecuarios.
Las elecciones parlamentarias de 2009 dieron cuenta del gran desgaste que había sufrido el proyecto kirchnerista. La aprobación presidencial marcaba mínimos y la oposición se alistaba a tomar el control de la cámara de diputados. Ese mismo año concluiría con la aprobación de la ley de medios que significó uno de los puntos más altos en el conflicto entre los grandes multimedios, el gobierno kirchnerista y sus aliados. Finalmente el año pasado, el gobierno impulsó y promulgó la ley de matrimonio igualitario impulsando su ya conflictiva relación con la iglesia católica de este país.
Hace un año también, el seguro candidato del partido gobernante, Néstor Kirchner, moría en su residencia del Calafate, produciendo un vuelco de consecuencias imprevisibles en la escena política argentina. Con la muerte de su esposo, la Presidenta estaba obligada a presentarse a la reelección. Frente a este escenario tan adverso, ¿Cómo se pueden entender los resultados electorales del último domingo?
A mi modo de ver son tres los factores que permiten explicar estos resultados. En primer lugar, se podrían enumerar una serie de logros que el kirchnerismo puede exhibir tales como la reducción de la pobreza, el aumento de los salarios, la reducción del trabajo informal o en negro, la asignación universal familiar por hijo (programa de transferencia de ingresos directos no condicionados), la ley de matrimonio igualitario, o la nueva ley de medios de comunicación.
El segundo factor que explicaría los resultados es la mala actuación de la oposición parlamentaria. Pese a tener mayoría en la Cámara de Diputados, la oposición no pudo establecer una agenda política que compitiera con la planteada por el gobierno. El pragmatismo kirchnerista para establecer alianzas concretas, así como su habilidad para el manejo político (a veces rudo y alejado de los modales republicanos) logro frenar a la oposición y les permitió conservar la iniciativa, marcando permanentemente la agenda política.
El fracaso en el Parlamento también se pone de manifiesto en la incapacidad de las fuerzas políticas alternativas al peronismo para esbozar un proyecto de país. Por esto último entiendo un conjunto de medidas articuladas que transmitan una imagen más o menos concreta de un futuro alternativo para la Argentina. No se trata exclusivamente de políticas concretas sino de ejes simbólicos que orden, de manera distinta, la lectura sobre realidad. La oposición estuvo siempre rezagada y supeditada a la iniciativa oficialista. Se trataron casi siempre de reacciones aisladas frente a las medidas del gobierno.
La fallida actuación opositora se completa con un impasse a nivel de las organizaciones políticas: la imposibilidad de establecer alianzas políticas. Durante los últimos meses se habló de posibles alianzas entre el radicalismo y los socialistas; entre estos últimos y Proyecto Sur (movimiento político de centro izquierda). Sin embargo ninguna de estas combinaciones se produjo. Por el lado del peronismo disidente tampoco se produjo ninguna alianza importante, sus principales referentes Rodriguez Saa y Duhalde optaron por ir cada uno por su lado. Ninguno de los candidatos de este espacio optó por bajarse de las elecciones y concentrar los votos en un solo candidato. Ante unas elecciones tan complicadas, la oposición terminaba por hacerse el harakiri.
Finalmente el tercer factor explicativo de los resultados electorales tiene que ver con la consolidación del kirchnerismo como proyecto político. El gobierno ha logrado articular sus acciones al interior de un relato que les otorga coherencia y perspectiva. Así cada una de las políticas implementadas por el gobierno, según este relato, se enmarca dentro de la “profundización de un modelo” que es al mismo tiempo económico pero también cultural y político. Un relato que ordena las políticas pero también los protagonistas, delimita las fronteras del sujeto político kirchnerista al mismo tiempo que lo produce, y señala claramente a sus adversarios. El relato oficial como todo ejercicio populista se irroga la representación de la nación en su conjunto dejando poco espacio para que aquellos que representan la oposición estén en posiciones legítimas.
El discurso Kirchnerista ha logrado convertir a sus principales críticos en espectros del pasado. Es decir, fantasmas que si bien recorren este mundo pertenecen a uno que ya pasó. Estuvieron vivos en el pasado, el pasado de la última dictadura o el pasado de la crisis del 2001. Y si bien hoy los vemos moverse y actuar no se podría afirmar que estén vivos.
Las consecuencias de las elecciones generales son todavía difíciles de vislumbrar pero se pueden adelantar tres. La primera es que con el control de las dos cámaras legislativas y el respaldo obtenido por Cristina Fernández los márgenes de acción política del gobierno se amplían dramáticamente. Ni siquiera en los peores momentos, el gobierno cedió la iniciativa y buscó tender puentes con los sectores opositores. Con estos resultados es ilógico pensar que lo hará ahora, pese a la nueva retórica presidencial que realiza permanentes llamados a la unidad nacional.
Una segunda consecuencia es que los resultados indican, casi sin mediar análisis alguno, el fin de las carreras políticas de los hasta ahora principales líderes de la oposición. Basta mirar el desmoronamiento de Elisa Carrió, quien en las elecciones de 2007 obtuvo alrededor del 23%, mientras que el último domingo su votación no ha llegado al 2%. Lo mismo puede decirse del peronista Eduardo Duhalde, quien ha sido uno de los más fieros adversarios del Kirchnerismo, o también de los hermanos Rodríguez Saa.
Finalmente una tercera consecuencia creo que más incierta es si estamos frente a la redefinición del peronismo como identidad política. Como han señalado varios, si algo caracteriza a este movimiento es su falta de contenido o más bien la polisemia del mismo. La extrema ductilidad ideológica de este movimiento le ha permitido atravesar de manera más o menos exitosas distintos campos ideológicos. Si en los años 90 varios académicos se preguntaron si el menemismo suponía la transformación definitiva del populismo peronista y su reencarnación en clave neoliberal. Sin embargo no fue así. Los resultados del último domingo vuelvan a poner la pregunta sobre la mesa. La lectura parcial y en algunos casos mítica sobre el peronismo que realiza el kirchnerismo podrá purgar a éste de sus elementos más reaccionarios. ¿Será acaso el kirchnerismo capaz de redefinir de manera duradera la identidad del peronismo?
La victoria de Cristina Fernández contrasta con la difícil situación que viven algunos presidentes sudamericanos pertenecientes al llamado “giro a la izquierda”. Tanto Evo Morales, como Rafael Correa se encuentras sujeto a presiones provenientes de distintos flancos. El caso argentino contrasta fuertemente con estos y abre preguntas acerca de las singularidades del sistema político argentino actual. Asimismo, abre la interrogante a cuales serán los efectos de la crisis económica una vez que toque las costas del río de La Plata y si acaso este país conocerá momentos tan turbulentos como los que viven otros países en la región.





Pero cómo, ¿y la belleza de Cristina?