Por Víctor Vich*
Más allá de las denuncias por las constantes ampliaciones presupuestales, lo cierto es que las fotos del nuevo Estadio Nacional impactan, no por la modernidad del mismo ni por el divertido juego de lucecitas que ya nos han enseñado, sino porque que su elocuente remodelación no parece haber servido para albergar a una mayor cantidad de gente pues los excesivos palcos casi los han privatizado en beneficio de una minoría: la minoría de quienes hoy pueden gozar del crecimiento económico.

¿Cómo puede haberse aprobado un diseño arquitectónico como el que estamos observando? ¿Cómo es posible que la remodelación del Estadio Nacional haya sido planificada -y presupuestada- casi solo para el beneficio de unos pocos? Lo sucedido es increíble y vergonzoso, sobre todo, por la simbología que su nuevo diseño impone y representa: el de un goce destinado a marcar la diferencia entre ricos y pobres, y que parece complacerse con ella.
¿Existe entre nuestros liberales peruanos alguna interrogación sobre los límites del funcionamiento del capital y sobre los poderes a los que sirve? Hace unos años, en el medio de una campaña electoral, el Ing. Woodman fue acusado por ser el “candidato de los ricos” pero quizá con dicha frase no se quería denunciar la cantidad de dinero que posee sino, más bien, el que fuera el representante de “una visión del mundo” que se desentiende de la desigualdad, que parece promoverla y que no se muestra comprometida en querer combatirla. Me explico mejor: un estadio cualquiera, digo, un estadio de cualquier club privado tiene todo el derecho de tener la cantidad de palcos exclusivos que se deseen, pero un Estadio nacional no puede imitar dicho modelo porque, justamente, se trata de un lugar “nacional”, vale decir, un lugar de todos y, por lo mismo, su diseño debería haber estado pensado para promover una experiencia de integración antes que de jerarquía y desigualdad.
De hecho, el autoritarismo que hoy existe en el Perú no solo refiere ya a una cuestión de estilos de gestión pública. Hoy, sobre todo, asistimos al “autoritarismo del capital” que consigue barrer con todo cuanto encuentra a su paso. Hoy, cada vez más, observamos la presencia opresiva del poder económico y su ejercicio sin límites sobre las ciudades y los ciudadanos. Lejos de haber aprendido algo de las décadas pasadas, en el Perú seguimos observando el absoluto desinterés por neutralizar las jerarquizaciones existentes, al menos al nivel simbólico.
Durante esta última campaña electoral, se nos ha dicho que para que haya “chorreo” primero debe existir una mayor generación de riqueza pero, en realidad, lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario. Hoy, a más generación de riqueza, aparecen mayores jerarquizaciones y se revela un sistema mucho más sofisticado de exclusión social. Los nuevos palcos del remodelado Estadio Nacional son un excelente ejemplo de ello; son un horror. Y lo son, porque dan cuenta de una época caracterizada por la absoluta tiranía del capital y por la complicidad de un Estado que pasivamente se somete a ella.
Tiempos atrás los arquitectos pensaban en la organización colectiva del espacio que, teóricamente, siempre es de todos. Por lo mismo, hace más de 50 años diseñaron un Estadio nacional con canchitas de fulbito a su alrededor, vale decir, un lugar abierto y amable profundamente integrado con la población. Hoy sucede todo lo contrario. En lugar de construir palcos privados, bien pudieron haber construido un segundo anillo de tribunas a fin de beneficiar a una mayor cantidad de la población. En suma, el nuevo diseño cristaliza muy bien la ideología actual del chorreo económico neoliberal: los ricos arriba y los pobres abajo contentándose con lo que les ha caído.
Puede ser de muy mal gusto decirlo ahora pero cuando dentro de poco los peruanos vayamos a ese Estadio a alentar a la selección nacional, lo que observaremos será, tristemente, un recinto deportivo que nos confrontará, una vez más, ante una sociedad duramente fragmentada, (quizá mucho más fragmentada que antes) e insistentemente jerarquizante. A pesar de los optimistas discursos que sobre el progreso y el desarrollo hoy circulan ingenuamente por todos lados, sigue existiendo en el Perú un goce social por marcar las desigualdades y por complacerse con ellas. En los pocos días que faltan para que este gobierno acabe, el presidente Alan García sigue inaugurando obras faraónicas, muchas de ellas muy mal hechas. ¿Un gobierno exitoso y democratizador?: “Ja, ja”, como dice el estupendo título de Alfredo Bryce Echenique.
* Una versión inicial de este artículo se publicó en: http://lamula.pe/2011/07/24/el-estadio-nacional-sera-de-todos/victorvich

Son justamente este tipo de notas las que azuzan sentimientos negativos y volvemos a repetir el interminable ciclo de las brechas económicas sociales etc etc etc, ese temita ya tan gastado y que las personas no salen de eso. Lo que mas risa me da es que solamente dos veces al año nos ponemos pensativos y preocupados por estos temas. Durante elecciones y juramentos de ahí nadie hace nada al respecto y todos miran al otro lado.
Si las tribunas del estadio las ves siempre repletas es porque la gente puede pagar la entrada y ahí ves blanco chino cholo negro rojo verde azul etc etc etc. El estadio siempre fue de todos no entiendo porque RECIEN ahora salen con este tema. Y te dire otra cosa ojalá que no se use para el campeonato local porque ahí si me daría bastante pena que se juegue un clásico y los desadaptados pinten sus estúpidos símbolos en paredes de los baños y en las afueras porque a esa masa no la controla NADIE. Al menos a los partidos de la selección todos hinchan por uno. Así que si el estadio debería ser de todos yo digo no, debería ser de la gran mayoría.
Y están siendo muy atrevidos porque están pensando hacer el estadio sin separaciones, mira tú que modernos quieren ser (lo que me parece genial porque es hora de que la gente de destarade) pero ahí viste en el play de honor la gente que se metía (y desde las tribunas, no me refiero a los periodistas, los del canal 9 y 7 lo comentaban). Ahora te pregunto, crees que el estadio esta listo para recibir a gente que al primer gol se van a meter a abrazar al jugador o se van a meter a patear al arbitro etc etc etc? desgraciadamente no.
Hay muchas cosas que tienes que pensar, si ves que han arreglado colegios y los han modernizado al día siguiente vemos las paredes pintarrajeadas porque los niñitos lindos como perritos deben de marcar su territorio, que lindo cómo se preocupan por su educación no?
Es una obra muy bonita la del nacional y me da gusto que poco a poco estemos resurgiendo de las cenizas, y no me gustaría que unos pocos destruyan y nos hagan regresar a las cavernarias una obra que debería de ser un ejemplo de progreso. Aquí todos están para sacarse el ancho y disfrutando de logros, el que no lo quiere hacer pues piña que se vaya a ver fútbol a Hiraoka. Deberíamos de dejar de usar el tema de la pobreza y desigualdad para llenar un blog. Siempre creen que el que menos tiene es pobrecito que penita……….hay que mirar ambas caras de la moneda.
Soy una persona extremadamente anti Alan García y anti aprista y anti gobierno pero soy justo y reflexivo y hay obras muy buenas como obras cuestinables y obras absurdas, inaugurar obras por gula y ego esta de más. Y este rush de inauguraciones sólo lo hacen más gordo a nuestro por fin saliente presidente.
Esta es una obra para muchos. Y si se llenan las tribunas y palcos es porque pueden. Y finalmente no le haría mucho caso a Echenique.