La “virilización” del gobierno

Por Bruno Rivas

Reacciones disímiles ha traído consigo la sorpresiva renuncia al premierato de Salomón Lerner y la inmediata asunción del ex ministro del Interior y ex instructor del presidente Ollanta Humala, Óscar Valdés. Mientras el ex mandatario Alejandro Toledo y el periodista César Hildebrant han advertido de una militarización del gobierno, el director de “Correo” Aldo Mariategui y el escritor Álvaro Vargas Llosa, han negado ese hecho y han aplaudido el llamado al orden que significa la designación de Valdés. A pesar de que empatizo con la preocupación de los primeros, creo que más cercanos a la realidad están los segundos.

Nuestra vida republicana ha estado marcada por el autoritarismo y la sucesión de caudillos que han ejercido como protectores o “padres severos” de la población y han “evitado” que caiga en el “desorden”. Fujimori le devolvió la tranquilidad al Perú, como en su momento lo hizo Velasco, a costa de atropellar las libertades y los derechos. Esta predilección por el orden se mantiene hasta la actualidad. Hace pocas semanas en una conversación con profesores de la UPC uno de ellos recordó con nostalgia el orden que imponía Fujimori y que hacía falta en Conga. Sin embargo, es evidente que el autoritarismo de hoy no puede ser igual al de los noventa o el de sesentas ya que las relaciones humanas en nuestro país han cambiado.

En su libro “Masculinidades”, Norma Fuller señala dos formas de entender la masculinidad por parte de los peruanos. Mientras un grupo entraba dentro de la categoría tradicional de macho alfa absolutamente autoritario, otro estaba más emparentado con el patriarca, el hombre que tiene que dialogar con la mujer para tomar las decisiones en el hogar. Estos dos grupos ven entonces de manera distinta las relaciones con sus parejas aunque tienen algo en común: quieren seguir ejerciendo la dominación sobre la mujer.

En un trabajo de investigación sobre el carisma de Humala encontré que la mayoría de mis entrevistados resaltaban la posición de Nadine Heredia en la campaña y hablaban de la importancia de que una pareja llegue al poder. Podríamos pensar que lo que se dio era un voto por un patriarca más que por un macho a pesar que Humala era un militar (símbolo de la virilidad).

Esa tendencia a la figura del patriarca se mantuvo en estos primeros meses de gobierno. Nadine tenía tanta presencia en el gobierno como Humala y había una tendencia al consenso en el cual Lerner tenía una presencia preponderante. Sin embargo, los sucesos de Conga parecen haber dado un giro al gobierno que llamaré virilización.

Hildebrant acertadamente ha reconocido la imagen que le transmite Valdés a Humala. Su ex instructor tenía un rango mayor en el  ejército que el Presidente y además ha triunfado en el mundo civil por ser un empresario exitoso. Es una figura que atrae a Humala por sus rasgos “viriles” tan importantes para el mandatario. Incluso Valdés puso orden en Conga al desplegar las fuerzas policiales en Cajamarca cuando Lerner fracasaba en sus negociaciones.  Con esas referencias podemos entender la decisión de Humala y el aplauso de cierto sector de la sociedad.

Humala, como la derecha, están acostumbrados al orden pero el Presidente ya estaba demasiado “femenizado” para imponerlo. Recordemos que el Ollanta del 2011 no es el mismo que el Humala del 2006.  Para poder generar más empatía tuvo que moderar su discurso y suavizar su imagen y así pasar del polo rojo al blanco. Era pues una transición similar a la de ser un macho a un patriarca. Y esa transformación comprendía agregar a Nadine y a sus hijas a su campaña. Dicha estrategia no implicaba tener a su esposa como mujer objeto sino como compañera con igual voz y voto que él. Este movimiento implica la pérdida de virilidad a favor de la negociación. Ya no es un hombre que impone sino uno que negocia, hecho que implica cierta dosis de femenización, según la mirada clásica falocéntrica. Tras la campaña del 2011 su imagen ha quedado fusionada con la de Nadine. No es casualidad que mucha gente use el twitter de la esposa del presidente para realizarle preguntas porque sienten que son uno solo. En ese contexto mantener a Lerner como primer ministro no parecía hacerle mucho favor en su búsqueda de virilidad y orden. El ex primer ministro también estaba siendo feminizado por su tendencia a conversar, evitar las disputas entre peruanos y ceder. En el esquema falocéntrico el que prefiere la negociación a la imposición puede ser tildado de maricón ya que no es capaz de imponer su ley.

Con Conga fuera de “control”, Humala ha terminado recurriendo a un personaje viril para que tome las riendas del gobierno y que imponga el orden que él no puede. Su “padre militar” aparece entonces como la alternativa ya que la fórmula conciliadora y patriarcal de Lerner no funciona porque está muy “mariconeada”. Con Valdés viene el orden y el progreso que quiere el empresariado y que tuvo con Fujimori.

Tal como dice el nuevo primer ministro, a mi modo de ver, no habría la tal militarización ya que lo que tendríamos no es una apuesta por el poder de las fuerzas armadas sino por la mano dura que solo un macho viril puede imponer. Este sería el deseo que tienen tanto el empresariado como las fuerzas políticas de derecha del país y que sienten que perdieron con la derrota del fujimorismo. Tendríamos entonces un orden que provendría de “virilizar” a los hombres claves del gobierno. No necesariamente implica que los militares tomen las calles o se les dé puestos en el ejecutivo pero sí que se recurra a funcionarios, civiles o militares, que prefieran la imposición al diálogo o la homogeneización a la diferencia. La idea sería mantener las hegemonías, tanto la de lo masculino sobre lo femenino como la del capitalismo salvaje sobre la ecología, y evitar una verdadera negociación que implique concesiones. Un ejemplo claro del camino que está definiendo Humala fue el discurso a las Fuerzas Armadas en las que levantó la voz con estilo castrense.

La disciplina del cuartel pasa al gobierno pero sin perder las formas civiles ni la propuesta empresarial. El Perú, como Nadine, creía haber elegido a un patriarca pero se olvidó de las formas castrenses que venían con su elección. Valdés aparece entonces como el macho que recordará que la virilidad está presente en este gobierno. Y recordemos que  la virilidad trae consigo al autoritarismo.

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