Por Lucía Nunovero
El 17 octubre fue designado por la Asamblea General de la ONU como el “Día mundial de la Erradicación de la pobreza”. A propósito de este día, me detendré a hacer unos comentarios sobre la pobreza, el principal programa social de ayuda a los más pobres en el Perú –el Programa Juntos–, y sobre lo que considero necesario para que la gestión de la lucha contra la pobreza sea materia de debate público y no solamente un tema respecto del cual la ciudadanía sienta compasión o indiferencia.
Superficialmente juntos
El recordado Carlos Iván Degregori, al explicar los resultados de la Comisión de la Verdad, señalaba que existía en la estructura sentimental de la sociedad peruana una distancia emocional muy grande entre los peruanos, en virtud de la cual “nos habían pasado por las narices”, desapercibidos –incluso para aquellos que trabajamos en el movimiento pro derechos humanos–, estos cerca de 70,000 fallecidos y desaparecidos durante el conflicto interno. Esta lejanía entre los sectores medios y altos con respecto a la población en situación de pobreza se mantiene hasta el día de hoy, y no existen indicios de que la situación vaya a cambiar en el corto plazo.
Como parte de los esfuerzos del gobierno peruano en la lucha contra la pobreza, a finales del gobierno de Alejandro Toledo se creó el programa Juntos. Este respondió al modelo de “transferencias directas condicionadas” implementado previamente en países como Australia, India y México. En líneas generales, dispone que el Estado Peruano transfiera 100 nuevos soles a “hogares en situación de vulnerabilidad, exclusión o pobreza que tengan entre sus miembros a niñas y niños hasta los 14 años de edad o mujeres en estado de gestación” a cambio de exigirles participar en otros programas gubernamentales (de vacunación de niños y asistencia a la escuela).
Hasta la fecha, este programa ha atravesado tres gobiernos y fue mencionado por varios de los candidatos de las últimas elecciones presidenciales como parte de sus planes de gobierno. Poco discutidos y poco conocidos, sobresalen por su seriedad los análisis de UNICEF, CIES y CARE sobre el Programa Juntos. Se trata de estudios predominantemente cualitativos y hasta cierto punto “políticamente incorrectos“, pues contradicen el estudio desarrollado por el Banco Mundial y las afirmaciones de representantes de la misma entidad para América Economía según el cual en 2011 Perú cumplirá la meta de reducir en 30% la pobreza a través del programa Juntos.
El retrato de la pobreza en los medios
En general, la agenda mediática no suele ocuparse seriamente de temas como la pobreza de las periferias. Esta situación no ocurre únicamente en el Perú. En Estados Unidos y en el Reino Unido ya se ha denunciado la escasa cobertura mediática de temas vinculados a la pobreza y a los pobres. Además, según como son presentadas las hambrunas y conflictos relacionados a la pobreza surge el riesgo de manipular a las audiencias. La foto que se muestra suele responder a intereses políticos, y suele reflejar una imagen de los pobres como seres estáticos e infantiles, que hacen poco por salir de la pobreza y que necesitan apoyo e intervención externa.
Pocas veces podemos escuchar de manera directa a las personas en situación de pobreza, la mayoría de veces son políticos y burócratas quienes hablan por ellos. Y en las raras ocasiones en que los medios les dan espacios y nos muestran sus rostros, las historias suelen estar asociadas a crímenes, panfletarismo o contiendas políticas. En la mayoría de casos, la información que recibimos sobre la pobreza se reduce a meras cifras: el número de pobres beneficiados o índices de pobreza. Esta información suele responder al interés de ministerios, agencias internacionales y compañías, usualmente para promover los resultados de sus proyectos y programas. La manera como los pobres son retratados sin embrago contribuye a consolidar prejuicios que contribuyen a mantener el statu quo, una relación basada en el clientelismo.
La web y canales como youtube ofrecen alternativas para darle mayor voz a los pobres, pero, como lo muestra el Proyecto de Dimasjack, además del reducido impacto que aun pueden tener estos medios, si se les compara con los medios tradicionales, también requieren lidiar con la dificultad que tiene la gente pobre para hablar de su situación frente a cámaras. Y es que para tratar con la pobreza, se necesita mucha sensibilidad con una problemática que incorpora fuertes variables psicológicas, como la sensación de inferioridad, la depresión, el maltrato, etc –sensibilidad, a veces ausente en la forma como los medios nos cuentan sus historias. Es común que estos opten por la tragedia, la crítica o denuncias escandalosas que buscan revolver las entrañas de los sectores más pudientes y apáticos de nuestra sociedad. Uno de los casos más conocidos, y que ha sido discutido en diversos medios, es el de la portada tendenciosa de El Comercio en la que se denunciaba que jóvenes en Apurímac se embarazaban para tener acceso a los 100 soles del Programa Juntos. Más que sentar las bases o proveer información para la toma de decisiones, notas como esta contribuyen a reafirmar prejuicios y a cuestionar de manera infundada a una autoridad o un programa social.
Una evaluación personal de Juntos
Lograr una mayor igualdad de oportunidades y elevar la calidad de vida de sectores que llevan décadas marginados tanto económica, social, política y culturalmente, son metas sumamente complejas que requieren un diagnóstico adecuado del problema que articule todas sus dimensiones. Craso error del programa Juntos fue que se implementó inicialmente sin diagnóstico de base, marco lógico, manual de actividades, indicadores de impacto y otros instrumentos que permiten un buen monitoreo. Recién en los últimos años se han dado directivas nacionales al respecto.
A seis años desde el lanzamiento de Juntos, los informes con menor sesgo político reconocen que ha tenido un impacto bastante moderado en cuanto a las mejoras de salud y educación de los pobladores, principalmente porque dichos servicios públicos adolecen de carencias estructurales que no han sido confrontadas (corrupción de autoridades, maltrato al poblador quechua en las postas, entre otras). Aunque se ha encontrado que las transferencias de dinero han empoderado a las mujeres y han generado mercados locales –o más bien, ferias locales el día que se paga Juntos–, la reactivación del consumo y su vínculo con el desarrollo humano están aún por probarse. Recién desde este año contamos con directrices de identificación de sus miles de beneficiarios y lineamientos de trabajo.
Por otro lado, sí se ha probado que el programa puede minar la cohesión social que tanto requiere una sociedad desigual como la peruana. Los estudios de CIES y UNICEF han revelado disputas entre pobladores respecto a quiénes son clasificados como “pobres” y por ende se benefician del programa. Conflictos del tipo: “Él tiene una esposa profesora/Ella tiene una tienda/Su esposo tiene ganado…no deberían recibir Juntos”. Asimismo, estos han puesto en evidencia que el programa se puede politizar a favor de autoridades, en tanto son los municipios quienes elaboran la lista de beneficiarios. Ello atenta en un nivel contra de las prácticas de buen gobierno que requieren nuestras provincias más alejadas pero a un nivel más profundo consolida el prejuicio de los pobres como clientes o beneficiarios de un Estado que les impone ciertas condiciones a cambio de la “oportunidad” de acceder a una pensión. Se vuelve así un negocio, un trueque, que mantiene a los pobres en un esquema clientelar, y que lejos de empoderarlos puede conllevar a una reducción de su autonomía.
Sobre el rol que debemos cumplir
En ausencia de voces de las personas a quienes van dirigidas los programas, los pobres y la pobreza son entendidos como homogéneos, y esto sirve a reforzar el asistencialismo de los programas sociales. La pobreza, para aquellos que seriamente quieren entenderla, no es homogénea ni estática, es un fenómeno multidimensional y dinámico. Es una pobreza migrante que implica diversificación de actividades, relaciones con diversos actores, entradas, salidas, estrategias y estancamientos.
En el tiempo que vengo trabajando en la región altoandina, he sido testigo de cómo los “pobres” enfrentan diversos dilemas. Tomemos el caso de un padre de familia, criador de alpacas, que se debate entre vender las mejores de sus cabezas de ganado por 200 soles para costear el viaje y la operación de uno de sus hijos, o arriesgar la vida del pequeño para mantener el ingreso familiar intacto y no empobrecer al hogar incurriendo en lo que los organismos internacionales han llamado “gastos catastróficos en salud”. Es necesario que construyamos puentes que nos acerquen a lo que ocurre con los sectores más necesitados de nuestra sociedad. No basta para ello apretar una simple tecla, se requieren vínculos reales y más estrechos.
Hoy por hoy, no se ofrece un abordaje crítico al tema de la pobreza, y, en parte por ello, no se favorece la participación responsable la ciudadanía en el debate público sobre ella. Los sesgos y el retrato que de los pobres se presenta en los medios contribuyen poco. Es necesaria mayor participación social y política de las personas que viven en situación de pobreza en el Perú, para asegurar que las mediciones sobre bienestar y calidad de vida así como las evaluaciones sobre el impacto de los programas sociales en el Perú sean transparentes. Pero es aun más importante que se hagan visibles los esfuerzos que realizan quienes se encuentran en situación de pobreza por salir de esa situación. Justamente, el mensaje de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el 17 de Octubre, día de la erradicación de la pobreza en el mundo, es recordar que son los pobres, antes que los gobiernos, los que se esfuerzan día a día en mejorar su situación. Acordarles este reconocimiento y unirnos a ellos, sin tratarlos de simples beneficiarios, es el primer paso de un gran cambio en nuestra sociedad.

Hola.. puedes compartirnos nuevamente los links de los documentos sobre juntos de UNICEF; CARE y CIES en castellano.. pues el enlace compartido en el artículo no funciona, y el UNICEF ta en ingles.
gracias adelantadas