“Revolution 2.0” (Ghonim, 2012): la militancia online

Por Félix Lossio

“Angry birds probablemente ahorró muchísimos problemas a miles de egipcios cuyos nombres completos estaban en mi inbox!”, es una de las más impactantes frases del recientemente publicado “Revolution 2.0” de Wael Ghonim (Londres, Fourth State, 2012).

La cita no es una metáfora. Ghonim cuenta cómo, encerrado e interrogado en los sótanos de seguridad de estado egipcio, rezaba porque alguno de sus más cercanos colaboradores ingrese a su cuenta de Facebook y cambie la contraseña. Con ello, evitaría que el gobierno accediera a los nombres y mails de los activistas de la revolución que produjo la renuncia de Hosni Mubarak, dictador egipcio que se mantuvo en el poder durante treinta años. Ni sus mejores amigos, ni sus colaboradores, ni su esposa, tenían la contraseña que daba acceso a su tablet. Pero si la tenía su hija de 8 años quien, ferviente jugadora de “Angry Birds”, había memorizado la clave de su padre. Gracias a ello, su colaborador pudo acceder a su cuenta y borrar los nombres y mails de los activistas, y el gobierno nunca pudo seguirlos.

Wael Ghonim (Egipto, 1980) es un actor clave para comprender la caída de Mubarak hacia fines de Enero de 2011, en el contexto de lo que se ha denominado “la primavera árabe”. Esto es, la caída de varios regímenes dictatoriales en dicha región (Tunes, Egipto, Lybia) y la crisis social en otros (Siria, Yemen). ¿Activista político? ¿Científico social? ¿Militante partidario? No. Ejecutivo de Google de 30 años, especialista en marketing y constante usuario de las redes sociales. ¿Cómo lo logró? Abriendo una página en Facebook. Este fue el origen de la agrupación de cientos de miles de egipcios que pusieron fin a un régimen con absoluto control político, mediático y militar.

Wael Ghonim ha recopilado sus vivencias en “Revolution 2.0”. El libro es una suerte de “biografía social” donde el autor cuenta, desde su perspectiva, todas las etapas del proceso egipcio: la indignación frente a la tortura y muerte de Khaled Said (joven opositor al régimen), la apertura de la página de Facebook “Kullena Khaled Said” (“Todos somos Khaled Said”: http://www.facebook.com/elshaheeed.co.uk?sk=info en su versión en inglés), el crecimiento exponencial de los seguidores de la misma, la colaboración con otras páginas, la salida a las calles, la opresión del gobierno y finalmente la salida del presidente. El libro es entonces un estupendo acercamiento en primera persona a uno de los sucesos más decisivos del mundo árabe de los últimos años, ahora conocido como “the twitter revolution”.

Sin embargo, más importante aún, “Revolution 2.0” es un magnífico testimonio para comprender uno de los fenómenos sociales más significativos del mundo contemporáneo: la imbricada relación entre las nuevas tecnologías y la política. En particular, para sumergirse al uso de espacios como Facebook y Twitter en el nacimiento y desarrollo de movimientos sociales. O, en palabras del autor, el “online activism”.

La “revolución 2.0” hace referencia entonces a un nuevo tipo de movimiento social que -sin ser definido explícitamente en el libro- supone lo siguiente: primero, no tiene un único gran líder, como en las “revoluciones 1.0” (Ghonim: 293). Debido a un tema de seguridad pero también de convicción propia, Ghonim argumenta constantemente que era fundamental reservar su identidad. “Lo importante eran las ideas y no personalizar el movimiento”, sostiene Ghonim. Y así, hasta pocos días antes de la caída de Mubarak, salvo por tres personas, nadie supo quién era el administrador del popular grupo de Facebook que había activado y dirigido los más importantes acontecimientos del país.

Segundo, el uso de las redes sociales – Facebook y Twitter en este caso- es central. Es mediante estas redes que se promovió la urgente solidaridad frente al abuso estatal, se diseñaron las actividades a seguir y hasta se decidieron las fechas y lugares de las movilizaciones. En este punto, el libro acierta en dialogar constantemente el testimonio del autor con los posts y comments de las páginas involucradas durante todo el proceso. Fue de hecho mediante el número de “likes” o, de modo más elaborado, mediante el uso de encuestas de Facebook con los miembros del grupo, que se tomaron varias de las decisiones que cambiaron la historia egipcia.

Tercero, la calle nunca deja de ser protagonista. Es ahí donde se dispuso finalmente el futuro de Egipto. Ghonim es tajante al afirmar que las redes sociales son fundamentales, pero son solo herramientas. La convicción de las personas detrás de las pantallas y la salida a la calle de cientos de miles de egipcios fue lo que produjo la caída de uno de los regímenes más corruptos y violentos de Egipto. O, para ser más justos, fue la dimensión humana “en tiempo real” con el uso de nuevas tecnologías, lo que provocó este “milagro”. En palabras del autor: ‎”no es que las redes sociales crearon esta revolución, pero internet fue importante. Es ese intercambio entre las calles y las redes. Yo creo que Facebook es una herramienta.” (Wael Ghonim, conferencia en The London School of Economics, Londres, 31 enero 2012, traducción propia).

En suma, “Revolution 2.0” es lectura obligatoria para comprender las relaciones entre internet y política en el mundo actual a partir del caso egipcio. Desde ahí, el libro nos acerca también al rol de los medios tradicionales –televisión, prensa-, a las tecnologías del gobierno para frenar el movimiento de oposición y a la significancia de las industrias culturales y la religión en el accionar político. Especialmente, “Revolution 2.0” nos hace un recorrido por la aventura de los egipcios que, en su mayoría menores de 30 años, nos mostraron una forma diferente de entender y participar políticamente frente a regímenes dictatoriales.

Por supuesto, el texto debe ser leído como su autor lo subraya: un testimonio en primera persona de (los recuerdos de) lo sucedido. No se trata de un análisis sociológico, político o histórico; sino por el contrario, de un testimonio que parece por momentos un thriller policial. Al lector le tocará revisar diversas fuentes para un acercamiento distinto y desde ahí abrir nuevas preguntas, a la vez que repensar críticamente la versión de Ghonim. Sea como fuere, una tarea urgente a la que el libro nos invita es a dialogar la experiencia que el autor narra con el Perú y América Latina. Se ha discutido,  aunque no lo suficiente, el rol de las redes sociales en las últimas campañas presidenciales y municipales. ¿Cuál sería, sin embargo, su rol en (potenciales) contextos dictatoriales? ¿Sería posible en nuestro país o región activar la caída de un régimen desde éstas? ¿Cómo se desarrollarían las asociaciones entre los usuarios de distintas regiones, estratos sociales y grupos lingüísticos? ¿Podemos hablar ya en el Perú de una (potencial) “ciudadanía online”? ¿Es esto, al final de cuentas, necesario? ¿Por qué?

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