Terry Eagleton
Alan patea. Alan la mete –o, al menos, se rumorea que lo hace. Alan celebra, baila y canta. Alan grita. Pero, sobre todo, Alan procura con su juego callarle la boca al resto. Algunos le celebran. Otros –laucheros oportunistas que también celebraban– solo ahora que se va lo critican y vaya que sin contundencia en la mayoría de casos.
Entre quienes destacan por este vacuo y oportunista “laucherismo” se encuentran los “punteros mentirosos” –las puntas de lanza– de algunas de las corporaciones de medios de comunicación más poderosas del país. Nos referimos a varios periodistas y dizque líderes de opinión, que, inclusive en momentos en los que las acciones del gobierno han sido francos autogoles, han preferido todo antes que desplegar posiciones críticas a las maneras del Presidente saliente.
El final del segundo quinquenio aprista es uno de esos momentos que ameritaría un análisis sesudo y profundo de sus goles (a favor y en contra), sus victorias, derrotas, offsides, etc. De ese modo, se podría decir sin faltar a la verdad que la prensa está cumpliendo su labor de informar, de alimentar objetivamente y sin sesgos interesados a la sociedad civil, con elementos que favorezcan el escrutinio de lo realizado y la discusión de si acaso es real el cuento según el cual “el Perú avanza” –o si, en todo caso, es verdad para todos y no solamente para algunos.
La Comisión de Transferencia de Gana Perú dispuso esfuerzo por posicionar una evaluación crítica a la actividad del gobierno por sector. Pero el devenir de la selección de la mano de Markarián pudo más y acaparó las primeras planas, los titulares y el espíritu de los peruanos en las últimas dos semanas: el análisis de los equipos liderados por Marisol Espinoza fue superado largamente en rating por el frenesí de los goles de la escuadra dirigida por el Mago.
No cunden ya espacios de análisis político en la TV peruana de señal abierta –se fue Rosa María Palacios (aunque solo por el momento –todo indica que prepara su regreso en ATV) y muchos de los noticieros mañaneros cada vez más parecen “magazines” (todos quizás con la excepción de Buenos Días Perú); ya solo quedan los programas de los domingos… Por ello, no hubo demasiado debate que hiciera resonar las evaluaciones presentadas y que disparara discusión al respecto. Sin esa polémica, mucho de lo que prevalece en el imaginario colectivo como legado del gobierno de García es lo que hizo en el minuto 90, vale decir, el casi centenar de obras inauguradas (varias de ellas incompletas) por el Presidente en las últimas semanas.
Con ocasión del último mundial, Terry Eagleton parafraseó el viejo dicho marxiano que decía que la religión era el opio de las masas, para señalar que hoy el fútbol es la cocaína del pueblo. Alan García entendió eso hace rato, y por eso dispuso complementar sus numerosas inauguraciones –gastando Dios sabe cuánto (o quizás el Cristo del Pacífico lo sepa)– con la gran transformación de Toño Vargas (de América TV) y de Roberto Zegarra (de RPP) en sumamente eficaces aparatos ideológicos estatales que reprodujeran incansablemente pastillas publicitarias durante los partidos de la blanquirroja con el mensaje de “con miles colegios, decenas de hospitales, cientos de miles de viviendas, millones postes de luz, ‘así avanzó el Perú’”.
Al respecto, no solo se extraña el hábito fiscalizador –común en la prensa en otros asuntos– que cuestione la inmensa inversión que el gobierno debe haber realizado en este intenso propagandeo. En general, también brilla por su ausencia un peritaje detenido de parte de los medios de todo el marco discursivo según el cual el país avanza como una locomotora. En buena cuenta, los medios tradicionales a lo largo del gobierno han servido como una suerte de caja de resonancia para este mensaje: los encuadres informativos favorecían interpretaciones positivas hasta de los más serios bemoles. Bagua y los Petroaudios son solo dos claros ejemplos en los que los medios de las corporaciones más poderosas del país, en su momento, no sacaron ni siquiera una tarjeta amarilla. Como hemos comentado en anteriores editoriales, llegaron inclusive a despedir, con mayor o menor elegancia, a voces que podían “disonar” con las versiones de los hechos producidas en el seno del gobierno –como si fuera pecado el no rendir ofrenda a una supuesta verdad única. El Ejecutivo, por su parte, clausuró temporalmente algunas emisoras que difundían lecturas alternativas de los sucesos. Parece que tanto la “prensa franelera” como el Presidente mismo han olvidado que discutir, argumentar y alcanzar puntos de articulación a partir del debate son prácticas que constituyen el fundamento radical de la política democrática.
En su discurso de despedida, García dijo: “Hemos respetado la libertad de expresión de todos los peruanos”. Más allá de calificar esto de verdadero o falso, lo cierto es que, en buena cuenta, no requirió faltar a esa libertad para procurar con bastante éxito que la verdad que cundiera fuese la suya. Si los medios hablan solo de los goles que hace el gobierno, pero no de los autogoles que nos hace, reproducen de esa manera la voluntad del Presidente de callar al resto.
¿Así avanzó el Perú y punto? ¿Olvidaremos lo que sucedió durante el resto del partido? ¿El perro del hortelano y el extractivismo radical? ¿El Baguazo? ¿La soberbia y la intolerancia respecto de los “comechados” e “ignorantes” maestros? ¿BTR y toda la corruptela? ¿La privatización al mejor postor de espacios de la nación? Hay contiendas que se ganan con un gol en el último minuto; los peruanos tenemos tarde o temprano que aprender a sostener una sólida y memoriosa defensa hasta el tiempo suplementario. De humildad y reflexividad –la capacidad de entender y aceptar errores propios– García tendría mucho que aprender de Markarián.
Sea el empeño por silenciar las voces discordantes fruto del ego colosal del Presidente (ego que, dicho sea de paso, no le permitió asistir al cambio de mando, pero al que sí que le gustará verse próximamente en la pantalla grande) o un verdadero reflejo autoritario, no cabe duda de que es un gesto meritorio de una crítica incansable de quien defiende, sin intereses de por medio, la libertad de expresión y la pluralidad.
Empezamos ahora un nuevo gobierno que ha prometido “promover una nueva forma de convivir”. Nuestros buenos deseos en estas fiestas patrias nos hacen esperar que, más allá del discurso, avancemos hacia un Perú de todos y para todos –y que, al 2014, lleguemos al mundial.


Para la prensa mayoritaria y sobre todo para sus dueños Alan García limpió la imagen de su primer gobierno. Personalmente pienso que es una verguenza, casi un delito, que estando en un contexto inmejorable en muchos, pero muchos años, el gobierno que nos deja no haya sido capaz de combatir la pobreza y avanzar en equidad. O sea que este gobierno , así como en el anterior periodo de García- ha demostrado una incapacidad monumental. Si miramos la corrupción del gobierno saliente, la situación es similar a la de la primera gestión. ¿ Y la descentralizaicón y reforma del estado?, con su gobierno se estancó. Tampoco cambió el estilo prepotente y autoritrario de Alan García.
Así que creo que la primera y segunda gestión de García y el APRA son similares en cuanto a incompetencia
Gracias a Dios que no hay mal que dure cien años. Se fué el cínico mayor de nuestra historia que profesó todas las confesiones religiosas, comulgó de las manos de su igual Cipriani que olvidó su prédica anti divorcio, adulterio y anticorrupción. Los mercaderes de la patria expulsados por Jesús, volvieron al templo de las manos del vicariato. Sólo olvidó en su huachafería extrema, establecer el “Dia del Anticucho” el 23 de Mayo que cumple años. Empero, no deben sufrir por la despedida terrenal, ya que el prelado y el gordo, tendrá mucho tiempo para conversar en el infierno.